jueves, 8 de mayo de 2014

Yoel Eduardo y la luz. Te tiro un perdida. Cibersodio 50


Yoel Eduado está hablándole (por telepatía) al haz de luz que sale del reflector que opera en el teatro donde trabaja como asistente de iluminación. Nadie se ha percatado de ello, básicamente, porque hay solo dos espectadores (ambos, jubilados, que entraron gratis y son cortos de casi todos los sentidos, incluidos la atención, ya que están dormiditos, en la platea, cabeza contra cabeza). Tampoco podría verlo el actor principal, quien está enceguecido por el reflector que opera Yoel Eduardo y por su ego en plena producción actoral del monólogo del proletariado. Menos, aún, puede verlo el Jefe de Yoel Eduardo, agazapado entre bambalinas, al acecho para tirarse arriba de la actriz de recontra reparto, ni bien termine la función.
Yoel Eduardo, entonces, en un ataque místico pasa las manos cerca de la luz. Las puntas de los dedos, entran al haz y proyectan sobre el escenario (y tras la espalda del actor principal), sombras chinescas con formas de imponentes falos de Tiranosaurius Rex que, afortunadamente, en la sala, nadie ve por lo anteriormente expuesto.

Yoel Eduardo ve, en la luz, su destino. Un destino que tiene cara de mujer.