lunes, 19 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
Hospital anónimo en Revista miNatura

Hospital anónimo
Un hospital anónimo
con enfermeras de sonrisas que repelen, ratas en las ventanillas de admisiones
y médicos de diagnósticos borrosos y caras ilegibles.
Un hospital anónimo, quiero para morir.
Con habitaciones de ángulos rectos, descascarados y teñidos por sueros sangrantes.
Con paredes que tengan por todo arte pústulas y crucifijos, y ventanas de cristales rotos.
Lejos de todo encuentro, inhallable,
donde solo confluya una lluvia espesa
y siempre parezca de noche.
Frío, será mi hospital anónimo.
Un frío que pinchará y dolerá mucho, y olerá a inyecciones.
Para morir quiero un hospital anónimo.
Con puertas ruidosas, camillas de roleo oxidado;
manzanas en compota y gusanos enfiestados sobre la carroña.
Un hospital anónimo, ni lejos, ni cerca;
oculto entre algodones, trazado sobre una gasa ocre,
donde queme la capilla ardiente, la ambulancia cante todo el día y la luz de la vela se encienda de tanto último hálito.
Así quiero al hospital anónimo para mi muerte,
para que, envuelto en tanto espanto, paladee con gusto, y hasta el fin,
la resaca que me quede de vida
6/4/10