martes, 15 de marzo de 2011

Bitácora editorial VI - Pagar las culpas

Suena el teléfono. El identificador muestra un número que no reconozco. Atiendo y pregunta si soy Juan Guinot, digo que sí, me dice que es el Comisario Váquez de la División Robos y Hurtos. Corto y desconecto el teléfono de línea. Después apago el celular. Vuelvo a mi computadora. Antes de encenderla, miro en el espejo de la pantalla apagada la bolsa que me “traje” del bar. Toda la semana la miré de soslayo. Está en el último nivel de la biblioteca. Las manijas rotas y anudadas guardan lo que tenían: el libro “El Alquimista” de Paulo Coelho (con una dedicatoria en lápiz y a medio escribir que decía “Para encontrar el camino”), dos monedas de cincuenta centavos y tres de veinticinco. Nada más y nada menos. Llevo siete días sin mirar la bolsa de frente, busco esquivarla, la evidencia de mi delito me retuerce las tripas. Prendo la máquina y el fulgor de la pantalla se la traga al ritmo de la musiquita de Windows. Miro la portada de dos periódicos digitales, no dan cuenta de un caso de robo de una bolsa dentro de un bar de Villa Crespo. Me separo del teclado y vuelvo a conectar el teléfono de línea. No hay mensaje. Enciendo el celular. Tampoco. Lo del comisario Vázquez debe haber sido una llamada al boleo de chorros que te hacen el cuento para sacarte algún nombre de un familiar que no esté en casa y, después de lograr eso, te dicen que en realidad son secuestradores y tienen ese familiar que soltaste el nombre atrapado en una guarida, te piden rescate con carga de créditos en celular, en el caso más simple o una bolsita de supermercado cargada de billetes. Hay más llamados de estos chorros que el de los otros, los que venden tarjetas de crédito y seguros. Me imagino que ya debe haber en algún lugar call centers que se dedican a este trabajo de los “secuestros express”. Si, debe ser eso. Suena el teléfono de línea; pinchazos fríos en réplica ascienden por mi columna y me trepanan el cerebro. Levanto el tuvo y corto. Ya no quiero escuchar el cuentito del policía. Vuelvo a la computadora, me parapeto detrás del respaldo de mi butaca, no le quito los ojos al teléfono. Un mensaje acaba de entrar en mi correo. A ver si todavía detrás de todo esto está Puerta del libro y me manda un mail con alguna pista, hace una semana que no me escribe. Meto mano al teclado, la bandeja de entrada muestra un mail en el que se promete un video porno de Natalie Portman. La Portman en Star Wars es la cúspide de la belleza, de ella ya no quiero ver nada más. Elimino el mail. Miro feo al iconito de mi antivirus (está al lado del reloj de la pantalla) y le digo que labure de una vez, que para qué mierda le pago, que no deje entrar mails infectados a mi máquina. Suena el teléfono. Subido a la ola de enojos, atiendo y le digo al supuesto comisario que me deje de hinchar la pelotas y que le haga un secuestro express a otro. “Amor, soy yo; ¿estás bien?” dice mi esposa del otro lado de la línea. Atropello mis palabras para al querer decir que pensaba que era una broma. “Desde cuando soy una broma”, me dice. Cambio de tema, de un tirón disparo una perdigonada y le pregunto como va el viaje, si el clima al otro lado del mundo se lleva bien, que si el terremoto de Japón y, literalmente, la mar en coche. Se corta el llamado. Me quedo mirando el aparato. Es de esos inalámbricos de Siemens que hay que usarlos no más de dos minutos porque se les acaba la batería. Con lo poco que me gusta hablar por teléfono, es la excusa perfecta para cortar los llamados.

Apoyo el inalámbrico sobre el futón. Vuelvo a la máquina, tal vez mi esposa está por entrar en el Skype. Se corta la luz. La pantalla se resume en un puntito refulgente que se escurre como una gota de mercurio. Las únicas dos páginas del capítulo veinte de mi nueva novela se fueron con el apagón. Me tiro de los pelos con los diez dedos y largo un encadenamiento de puteadas. Me aprieto los globos oculares con las yemas presionando sobre los párpados para no llorar. Libero los párpados, miro la pantalla. El espejo negro vuelve a mostrarme la bolsa que me robé. Debería bajar y devolvérsela al mozo. Si, ya es hora, hay que poner la cara. Vuelve la luz. Ya no prendo la computadora, los de Edesur deben andar toqueteando algunos cables de esos que pusieron en los noventa y que están a punto hacerse carbón. Suena el teléfono, me largo en vuelo y atiendo con voz dulce. “Qué amor ni ocho cuartos, Señor, soy el Comisario Váquez de Robos y Hurtos de la Policía Federal ¿me va cortar de nuevo o me va a obligar a que vaya a buscarlo y le corte los huevos?”. “Pì-pí” chilla el aparato y la batería del Siemens precipita el fin de la conversación. La puta madre, el cana era de verdad. Debe ser por la bolsa, ya la voy a devolver. Son las once y cinco de la mañana, el mozo debe estar ahí. Ni siquiera tengo bolsas de Carrefour para cambiar la que rompí, la meto en una bolsa blanca de los chinos, bajo, pongo la cara, le pido disculpas y le ofrezco un resarcimiento, no sé, algo de guita.

Ya estoy en la vereda. Con la aceleración a cuestas, abro la puerta del bar y le doy un portazo al respaldo de una silla. Un viejito escupe puteadas y migas, mientras me apunta con una medialuna por la mitad. La parte mordida está re-contra hinchada tras un ensopado en la tasa de café. Entre nosotros se interpone el mozo del turno tarde. El viejito sigue caliente y me tira la medialuna y en mi pecho queda una escarapela de migas y café. El viejo se retira del bar. Quiero pararlo, pedirle disculpas, pero el mozo me agarra del hombro derecho “No se preocupe, no es con usted, siempre arma quilombo para no pagar. ¿Le hago un té de tilo, le hago?” le digo que se lo agradezco, que me lo mande a la mesa del fondo y miro para el pasillo, la bicicleta del otro mozo sigue apoyada ahí y las ruedas desinfladas. “Vio, todavía no vino ese chanta”. El mozo se acerca a mi cara, para hablar en voz baja: “El Gallego cree que le afanó guita de la caja, que por eso no vuelve, por eso. Usted sabe, el ladrón, cuando es un ladrón de cuarta se arrepiente y después no le da la cara para pedir disculpas. Yo siempre digo, si afanás, afaná bien, algo muy grande y parate para siempre. Robar pelotudeces es como hacerse una paja. No podés contar que te sacudiste el ganso, no podés. Si la querés poner, ponela bien hasta el fondo y contáselo a Dios y María Santísima”. Le digo que tiene razón y anudo las manijas de mi bolsita de los chinos con la de Carrefour y mi deshonra adentro. Le digo al mozo que pare el té, que en un rato vuelvo. Salgo a la calle, uno de los policías de la consigna de la cuadra (ese que siempre está en la otra esquina cuando pasan los bicichorros para manotear celulares y los bolsos de las viejitas) me dice “Buen día, ¿todo en orden?”. Sin parar, le digo que sí y agrego “Oficial” para levantarle el ego y me llevo la mano a la frente en saludo de dos colegas de la fuerza. Me pone cara de culo y apuro el paso. “Deténgase”, me dice el policía, “¿Es gracioso?”. Le digo que no, que no sabe la seguridad que me da verlo cada vez que lo cruzo por la cuadra, que ni los bicichorros andan desde que está él. “No se haga el pelotudo”, me corta en seco, “usted sabe de lo que hablo”. Le digo que no sé de lo que habla. “De lo que tiene ahí”. El policía se me acerca, los dedos de mi mano derecha se aflojan y siento que las manijas de plástico se deslizan como agua entre mis falanges. Me pone un dedo en el pecho. “No se jode con los viejitos” y me martilla con el la punta del dedo índice varias veces sobre la escarapela de café y migas hinchadas. “Si se mete con el viejo, yo lo meto adentro para que lo atiendan los muchachos: Con una noche se lo dejan abierto como una flor”. Le digo que no lo haré más y le ofrezco una invitación de almuerzo para él y el viejo, cuando mande, a mi cuenta, en el bar. Con la misma mano que golpeó mi pecho me da un piñón cariñoso en el mentón: “Me alegro que acepte pagar sus culpas; cuando y cuánto voy a comer a su cuenta lo decido yo. Ahora siga camino”. Río con servilismo y atajo las manijas plásticas con el filo de las uñas, y garrapateo con mis dedos para recuperar el agarre. Mientra ingreso a mi edificio, veo que el policía entra al bar. Cagué fuego, ahora si que no vuelvo, que la cuenta la pague magoya.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Yolanka en revista miNatura (Cuba-España)


La revista miNatura, especializada en el género de ciencia ficción, terror y fantástico, lanza el número dedicado a Super héroes.
Especialmente para ellos, escribí Yolanka, un homenaje al peleador de Titanes en el Ring que dominó el espacio de gran parte de mi infancia.
Si querés conocer a Yolanka:
http://www.youtube.com/watch?v=F9zxTNWR4NY

Para acceder a la revista miNatura y disfrutar de la gran cantidad de minirelatos:
http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2011/03/07/revista-digital-minatura-109

Yolanka
Es viernes y Titanes en el Ring presenta la pelea de cierre: Yolanka versus Karadagián. Mi cuchara raspa las paredes del pote de vidrio del yogurt Yolanka de Krasdorf, ese que me promete ser como mi héroe. En blanco y negro aparece la nave de Yolanka y desparrama humo sobre un ring donde cinco holandesas bailan. Yolanka pasa entra las cuerdas con su capa, capucha y escafandra. Se suma al baile de las holandesas y las gradas explotan. Zapateo sobre las baldosas de la cocina y mamá me pide que me siente. No le hago caso. El árbitro William Bu da indicaciones a los contrincantes y recibe los abucheos. La imagen de la tele se pierde. Es por culpa del viento del oeste y las nubes. La pantalla es trazada por líneas horizontales que replican a Yolanka y Karadagian entreverados. Papá me corre a un costado del telefunken, toca el buster y las rayas desaparecen. Vuelve el programa. Las cinco holandesas, en primera fila, comen yogur y saludan. Agito mi mano derecha y les muestro el frasco de yogur casi vacío. La pantalla vuelve a verse a los saltos y los parlantes de la tele largan un “RPQ 579, Río-Potosí-Quito 579”. Es Fischer, el radioaficionado; siempre nos interfiere en el televisor y en el momento menos indicado. Papá lo insulta y mete mano en el buster.

La pantalla se hace gris. Estoy por perderme la pelea. La cabeza arde. Voy del comedor al patio. En lugar de estrellas, el cielo está copado por nubarrones blanco y negro. Trepo a la casilla del gas, de ahí subo al techo. La espalda arde. Piso las chapas y llego a la torre. Me impacta la primera perdigonada de gotas. Aprieto fuerte el cable suelto de la antena. Las manos arden. Un rayo ramificado en mil cuchillas de plata une las puntas de todas las antenas del pueblo. Mis ojos arden.

El tronar de la nave ensordece. Estiro las manos hacia la noche. Es viernes y debo luchar en la pelea de cierre de Titanes en el Ring.

martes, 8 de marzo de 2011

Bitácora editorial V - Cobrar como en bolsa

Desde la cuenta de gmail de Puerta del libro recibo un mail a mi casilla de yahoo. La ansiedad hace más torpe mi torpeza motriz y, al querer abrirlo, clickeo sobre otro mail de la bandeja de entrada, lo abro y, al cerrarlo, lo elimino. Intento controlar mi pulso. Vuelvo a la bandeja de entrada, apoyo el cursor sobre el mail de la editora, lo abro. “Simpático lo que contó del IAE. Pude hablar con uno de los ejecutivos colegas de su graduación y validó todo. Eso si, a su colega, lo de cambiar el discurso le pareció una `imprudencia` de su parte. No se enoje conmigo, él me dijo: `Este Juan, cómo se va enojar porque le revisaran el discurso, uno debe expresar lo que quiere la institución o la empresa para la que se trabaja, no somos nosotros los que hablamos, es la empresa o la institución que habla a través de nosotros, por eso somos Master de elite y no un simple profesional universitario`. No se me enoje, es como si lo viera. Escuche este consejo: no se queme las neuronas, para su libro no vamos por ahí. Del Opus Dei se escribió demasiado y Dan Brown ya exprimió ese filón desde el folletín impreso hasta el Séptimo Arte. No se desanime con esto que le digo, más bien quiero alentarlo a que siga, se ha puesto a trabajar y eso es una buena noticia. Con lo que si no acuerdo es con sus expresiones hacia el mozo del bar, es injusto, él es una persona muy valiosa. Debería bajar, prestarle sus oídos, mire si justo escuchó o tiene algo de una mujer, sobre cierto libro a editar, que a usted le puede interesar. El bar no estuvo cerrado el lunes por este feriado improductivo de carnaval. Tal vez, hoy martes, puede darse una pasada, es temprano. Póngase una de sus máscaras y salga a disfrutar del carnaval”.

Releo el mail cuatro veces. En el reloj de la pantalla de la computadora dice nueve y nueve. Voy al bar por un té de tilo.

El bar está desierto. La tele apagada. Las aspas del ventilador de techo ejecutan una melodía monocorde que, con un tilo encima, vaticinan el advenimiento de un ataque de sueño de media mañana.

Detrás de la barra veo la espalda de guardapolvo morado del mozo. Me acerco a él y me llevo por delante una mesa, un rectángulo de porcelana con los sobres de azúcar y edulcorante estalla contra el piso. Me agacho y empiezo a juntar las porciones esparcidas del descalabro. A mi derecha aparece una pala y una escoba. “Levántese, no hay problemas, yo lo junto”. Asciendo con la mirada por los botones y, al superar la línea de las solapas del delantal morado, me encuentro con un mozo que nos el mozo que yo venía a buscar, o sea, el mozo de mis té de tilo. Me incorporo. El tipo me pregunta si me lastimó con la escoba y me pide que le muestre las manos, dice que tengo mala cara. Le digo que no es nada, que me sorprendí porque era la primera vez que lo veía, esperaba encontrarme con el otro mozo, me corta: “Ese forro, si supiera donde está, lo cago a patadas, lo cago. Hoy no vino a laburar y El Gallego me llamó a casa para que haga los dos turnos. Ayer, al cambiar el turno, me dijo que dejaba la bici porque se quedaba por el barrio, tenía que encontrarse con una mina. Dijo que después pasaba por el bar, antes del cierre, para volverse en bici a su pensión de Pompeya. Mire, para mí este hizo roncha toda la tarde en el Club, fue al corso de Scalabrini y Corrientes, y se terminó comiendo un caramelito de la comparsa de Almagro. Tan enconchado andará que ni siquiera llamó para preguntar por la bici o avisar que no venía; debe andar por el quinto polvo, debe andar”. Miro por el pasillo que da al patiecito y baños del bar. Ahí está la bicicleta del mozo con una bolsa de Carrefour anudada en el manubrio. Le pido que me lleve un té de tilo a la del fondo. Por las mañanas suelo sentarme ahí; casi siempre está vacía porque queda de paso a los baños. Me acomodo estratégicamente para observar la bicicleta y doy la espalda al salón desierto. Sin quitar los ojos de la bici empiezo a enganchar puntas: Puerta del libro me “sugirió” hoy martes hablar con el mozo; vengo y el tipo no está porque, justamente, se fue al terminar su turno para encontrarse con una mujer. De boludo trato de tener lo menos posible, esa mina es Puerta del libro y la muy turra quiere que me entere que arriba tiene algo con el mozo. ¿Qué gana con eso? ¿creerá que quiero tener algo con ella?¿ Le querrá sacar información mía al pobre mozo? Ya tocó un colega de mi master para sacar información sobre mí. Igual, si se lo garcha, que lo disfrute. Y si dice algo de mí, me chupa un huevo. Lo único que me interesa es que me publiquen un libro y punto.

El te de tilo llega y lo pago. Empiezo a tomar el té y no puedo sacar los ojos de la bicicleta. Mucho menos de esa bolsa plástica de Carrefour pendiendo del manubrio. La bolsa tiene algunas cosas adentro. Si tuviese la mirada de Superman para ver a través del polietileno ¿Y si voy a revisarla? Miro a la barra, la espalda con guardapolvo morado me dice que es el momento para ir. El corazón se acelera y los latidos estallan en las yemas de mis dedos. Trago el té de un saque, me quemo el primer tramo de mi aparato digestivo, el que va desde la lengua hasta el estómago. Exhalo vapores y trago aire. Me paro sin hacer ruidos. Por si alguien entra o el mozo me llega a ver por algún espejito, me toqueteo la bragueta y hago señas a los fantasmas con el dedo que voy para el baño. A mitad de pasillo me detengo. La bicicleta (una Monark de fines del setenta, de cuadro oxidado, cadena sin aceite, sillín triangular percudido, ausente de guardabarros y con dos amortiguadores de caucho desflecados en la rueda delantera) tiene atada en el manubrio la bolsa. Con el dedo pulgar estirado, ausculto desde fuera y la yema del dedo índice recibe un cosquilleo, quito el dedo. La bolsa está cargada, pero no reconozco qué hay dentro. Voy con las dos manos para ver si, unidas, leen más allá del velo de plástico. Es algo rectangular, tal vez un libro o anotador y chinchinean monedas. Escucho el vozarrón del portero de mi departamento dentro del bar “Hay algún hincha de Boca en este bar”. Me quedo duro, es como si hubiese dicho “Piedra libre a Juan en el pasillo”. Y, con mi torpeza a cuesta, decido que mis manos pasen de la adivinación al hurto sin paradas intermedias. Tiro de la bolsa, trabo la bici con mi rodilla izquierda para que no caiga al piso, las manijas de plástico se estiran como chicle y se cortan. Meto la bolsa debajo de mi camisa suelta y encaro para el salón del bar. “Vení bosterito, vení que te explico algo de fútbol”. Sin sacar las manos de la camisa y la panza con su secreto en gestación, le digo que ando mal, que tengo cagadera. Me dice que me lleve la bosta a mi chiquero y que si queremos jugar como Vélez, vamos a tener que pagarle a Bianchi porque Falcioni no puede ni darle las manos al arquerito García”. La humillación de la derrota es insoportable, pero, en esta ocasión, cobrar como en bolsa me sirve para salir del bar, con la bolsa del mozo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Bitácora editorial IV - Las espada, la pluma y la palabra

Lo más cerca que estuve de Puerta del libro fue la semana pasada, en el bar, cuando rocé su sombra. Cada mediodía pasé por la puerta del bar, medio haciéndome el distraído y otro tanto con el tranco apurado y no la ví. Si no tengo la certeza de que ella está adentro, no puedo plantarme en la puerta del bar porque hay una amenaza fantasma: el mozo. Ya le contó al portero de mi edificio sobre el personaje que él ocupa en la supuesta novela que estoy escribiendo. Es un pesado. Y lo peor de todo es que, aparte de no escribir esa novela que él menciona, tampoco puedo avanzar del capítulo veinte de mi nueva novela. Esta propuesta que me hicieron los de la editorial donde trabaja Puerta del libro para publicarme algo que yo debería saber qué es, pero no logro darme cuenta, me tiene en vilo. No puedo dejar pasar estar oportunidad, pero ¿qué carajo quieren que cuente? Tal vez deba escribir dos capítulos con anécdotas exitosas de mis trabajos y llevárselos. Sería un librito de auto ayuda y anécdotas reveladoras. Y si lo aceptan, me despacho con el resto a mi gusto. Tengo experiencia en tragar un sapo para, después, vomitar un perro rabioso. En el IAE hice algo así cuando tuve que dar el discurso de graduación. Me habían elegido mis compañeros para hacerlo (seguro que pensaron en mí porque estaban fanatizados con el periódico clandestino que edité los dos años del Posgrado). Pero el Rector no pensaba lo mismo que mis compañeros, no estaba tan seguro de mis palabras y, con la excusa de enviarme el párrafo inicial con los saludos a las autoridades presentes, cinco días antes del acto, me mandó a pedir con su secretaria que le adelantara mi discurso por e-mail “para revisarlo”. Me puse verde, no podía creerlo.

Todo el fin de semana estuve pensando el modo de mandar una contestación al Rector la que lo mandaba a la mierda por presionarme. Hasta deliré con armar una campaña de denuncias porque consideré (y considero) que esa “revisión” era censura previa.

Pero el domingo, mientras escuchaba por radio los partidos de fútbol, me llegó la iluminación. Encendí la computadora, abrí el WORD y empecé a escribir un discurso servil y empalagoso, recargado de matices de infantilismo más propios de un graduado de Escuela Primaria que de un Master en Dirección Ejecutiva. Al principio lo hice para desahogarme y bien que me cagué de risa. Tras releerlo, decidí mandárselo a la secretaria del Rector esa misma noche. En mi mente ya tenía un plan.

El lunes por la tarde, recibí el mail de la secretaria con la bendición de mi discurso y “el agradecimiento por tus generosas palabras” de parte del Rector. El pez había mordido el anzuelo, solo debía soltar dos días de tanza para sacarlo del agua en el momento justo. El miércoles, ante casi un millar de asistentes, con las máximas autoridades educativas, religiosas y políticas sentados detrás de una larga mesa sobre el escenario (y a la derecha del atril donde debía hablar), la crema periodística en primera fila, más los profesores disfrazados con cofias, fajas y capas bordó plagadas de incrustaciones de piedras en una especie de palco, los graduados con nuestras togas y sombreros de Calculín y una multitud de invitados, me llegó el turno de pasar a leer mi discurso. De frente al atril, estiré el papel y empecé a leer el encabezado donde se nombraban a las autoridades presentes, (el formulismo que me habían pasado). Hice un largo silencio, miré a la concurrencia, doblé el papel en tres partes, me lo metí debajo de la toga. Los ojos desencajados del Rector (sentado en la larga mesa de súper notables) fueron el preludio de mi obra de improvisación. Largué un discurso en total libertad y hasta me di el gusto de despacharme contra el periodista Neustadt, sentado en primera fila. En realidad a lo largo del discurso no dije nada malo, ni agresivo, todo lo contrario ¿Qué podría decir en una fiesta de graduación? El fuego en las miradas de la mesa de súper notables, llegó chamuscarme los pelos díscolos de mis indomables crenchas. Por suerte el público aplaudió con gusto y el viento de sus palmas alejó esas llamas infernales que comenzaban rodearme. No sé si muchos se dieron cuenta. Por lo menos sé que a mi viejo, parado bien atrás, le gustó lo que hice. Al finalizar el acto me abrazó re-contra fuerte y nuestros cuerpos arrugaron el título de cartulina.

No sé como caí en esta anécdota. Si, ya me acuerdo, la idea de pergeñar algo con gancho para la editorial, salamearlos un poco, como lo hice con el Rector del IAE. Ahora que lo pienso, ¿y si este vuelo que hice no fue casualidad? Tal vez Puerta del libro me está pidiendo que cuente algo de mi Master, lo del diario clandestino, alguna parte gris de esa vivencia dentro de un campus con ejecutivos y a las órdenes formativas de una organización regida por la ortodoxia religiosa. Pero si es eso, está jodida. Nada se me viene a la mente.

No sé qué quieren que escriba, ni cuál será el libro que ella tiene en mente, pero logró inocularme el veneno, no dejo de pensar en ese libro, mi primer libro. No puedo dejar pasar la oportunidad.

Lo mejor será bajar al bar, es lunes y faltan cinco minutos para las doce del mediodía. Bancarme al mozo, por ahí anda triste con el empate contra All Boys, y esperar sentado en esa mesa roída por las marcas porque llegue a almorzar Puerta del libro. Y ni bien entre, ir con ella, entregarle mi espada, como un buen Samurai lo en vísperas de su sacrificio.

martes, 22 de febrero de 2011

Bitácora editorial III - El tren pasa

Suena el teléfono. Atiendo, es mi amigo, el que me mandó a hablar con el gerente de la editorial. Lo felicito por el triunfo de San Lorenzo, me interrumpe y me saca de la cancha: “Dale bostero, desde cuando te preocupás por San Lorenzo. No te hagas el pelotudo y contame si vas a escribir el libro” Le contesto que no sé de qué libro me habla. “Ese de tu historia desde que te parieron adentro de un comercio hasta que llegaste a ser ejecutivo de Arcor”. Le digo que no lo escucho bien, que la señal se pierde y corto. Vuelve a llamarme, apago el teléfono y lo apoyo al lado del teclado de la computadora.

El llamado me sacó de un frenesí de inspiración. Estaba en el capítulo veinte de mi nueva novela, trabajaba en el desenlace de una historia que transcurre en un futuro no muy lejano. Miro la hoja del Word en la que había dejado cuando sonó el aparato y la trama que parecía salir de un tirón, ahora, es un tirón de huevos. Vuelvo varias páginas atrás, retomo la lectura desde el capítulo dieciséis; ese procedimiento suele servirme para recuperar el hilo narrativo, pero no paso de la primera página. En mi cabeza se reedita la charla telefónica con mi amigo. Me pregunto si habrá leído mi nota del Facebook o su amigo (el gerente de la editorial) le pidió que me llame para convencerme. Pueden ser las dos cosas. Por caso la escuálida había leído lo que escribí. Y hasta se puso “Puerta del libro”. Para salir del empantanamiento, recurro a la distracción del Facebook. No hay noticias de relevancia de mis amigos. Recibí dos pedidos de amistad: un chico cubano, corrector de estilo con quien tengo ciento veintidós amigos en común y un profesor de la Complutense de Madrid que escribe crítica literaria en su blog. Los admito. En la bandeja de correos hay cinco mensajes nuevos. Dos son de grupos a los que pertenezco y nunca pedí me incluyeran. Otro es de un poeta que dice que unos parientes lo están por cagar a tiros por algo que escribió en el Facebook, pero que no nos preocupemos por su vida y tengamos Fé en Dios (y en la mala puntería, agrego yo). El quinto mensaje es de Puerta del libro; lo abro: “Quiero aclararle que no soy secretaria, sino editora. Sepa que yo bajo o subo el pulgar de lo que se publica; el ´amigo de su amigo´ solo firma cheques y revisa números, no lee un solo libro. Yendo a lo nuestro, y como se que se toma su tiempo para acudir a las citas, le escribo temprano para quedar a almorzar y así hablamos del libro que vamos a publicarle. Nos vemos a las doce y media, en el mismo bar”. Miro la hora en el vértice inferior derecho de la pantalla: 13:24

Salto de la silla y voy para el bar. Durante la estampida mezclo mis respiraciones agitadas con el tintineo de la ilusión de ver mi primer libro editado.

Abro la puerta del bar y me abraza el hervor del menú del martes: guiso de lentejas. La mesa del fondo está vacía. Hago una recorrida gran angular. Al batifondo se suma la voz del mozo: “Dormiste, tú mina se pudrió de esperarte y se fue”. Le digo que soy casado. Me dice “¿Y? No lo sigo. “Dale, pedazo de gilastrún, a mí no me engrupís, por lo menos hoy no te hizo pagar los cafés. Te gusta hacerte rogar. Eso sí, el tren pasa una sola vez”. Enfilo para una mesa. El mozo me toca el hombro, me doy la vuelta: “La flaquita me preguntó sobre vos ¿así que escribís?¿Tenés libros?” le digo que no. “Ah, no sos escritor”, me dice y le contesto que no tengo libros, pero si escribo. “Haceme caso, escribí como Paulo Coelho así te llenás de guita”. Le pregunto si eso se lo dijo la escuálida y me dice que no, que su esposa y todas las amigas de ella leen a Coelho.Le digo que otro día le muestro lo que escribo, que los mío son historias inventadas y le pido que me lleve un té de tilo a la mesa que acaba de dejar la mina de la editorial.

Me siento, reviso las marcas en la madera de la mesa, tal vez me dejó una pista. Son las mismas marcas de siempre. Acabo de perder mi oportunidad. Sin saberlo, el mozo me dijo una gran verdad: el tren pasa una sola vez. Tal vez eso se lo dijo a editora antes de irse. Miro la tele, repiten imágenes del accidente del ferrocarril San Martín. Los comensales ni enterados. El guiso debe estar para chuparse los dedos. El mozo me trae el té y me pregunta si en algunas de mis historias lo metí a él. Y me lo dice pidiendo que lo incluya y le digo que sí para que me deje de joder un poco. Pero el tiro me sale por la culata, se sienta en la silla donde hace una semana estuvo sentada la flaca. Ahí donde seguro me estuvo esperando. Está ahí, en ese lugar donde estaba por nacer un libro con mi nombre en la tapa. Miro el noticiero de la tele y le hablo al mozo. Le cuento que en mi novela él hace de él y que está adentro de un tren que acaba de descarrilar, pero que se salva. Me dice que lo espere, que en un momento vuelve para que siga, pero que tiene que cerrar una mesa. Tomo el té sin dejar de ver la tele. Los bomberos sacan un cuerpo desde la madeja de fierros. Al desdichado lo llevan envuelto en una frazada, parece un canelón. Vuelvo a sorber del té. Entre la tele y yo se deshilachan las hebras del vapor.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Bitácora editorial II - Café cortado vs Taza de té de tilo

“Leímos lo que escribió. Tenemos que hablar. Estoy en el café, al lado de su casa”. El mensaje acaba de entrar en la bandeja de facebook, lo envía Puerta del libro. Del perfil solo puedo saber que es mujer y trabaja en una editorial. Entra un nuevo mensaje de Puerta del libro: “Por qué pierde tiempo en buscarme en la red si me tiene a cinco pisos de distancia. Salte de la silla y baje, se termina mi hora del almuerzo”. Cierro el facebook, desconecto la webcam, voy a “Inicio” y clickeo en “Apagar equipo”, aparece una ventana y hago clic en “Apagar”. Tengo la sensación de que la pantalla me mira. Arranco el conector de Internet de la CPU en el mismo momento en que la pantalla oscurece y el ventilador de la computadora da la última vuelta. Me acerco a la ventana y, camuflado detrás de la cortina, espío. En la calle, la gente camina a las apuradas. Repaso una a una las ventanas de enfrente. No logro identificar si alguien me observa. Suena el talán-talán metálico de los mensajes entrantes del celular. El remitente es desconocido: “¿Le voy pidiendo un café cortado en jarrito?”. No contesto. Me calzo las zapatillas, salgo del departamento y voy para el ascensor.

La paranoia me come el coco: no quito los ojos de la cámara de seguridad empotrada un uno de los vértices del techo del ascensor y, al atravesar el largo pasillo, controlo el teleobjetivo del aparato que registra los movimientos de ingreso y egreso del edificio. Piso la vereda con la mirada clavada en las baldosas y me ligo un chorro de la manguera del portero. Se disculpa y le digo que no es nada. Después de hacer siete pasos, me paro frente al café. Las mesas están repletas de comensales. Abro la puerta y me golpea una ola de conversaciones solapadas con golpes de cubiertos y la tele a todo volumen. Trazas de filet de merluza activan el agua dentro de mi boca. La agitación de una mano orienta mi mirada. La que me llama es la escuálida de la editorial y está sentada en la mesa más apartada de la puerta. Sorteo respaldos de sillas y me paro a su lado. Ella tomo café de a sorbos, hace ruido. Odio eso. Posa el jarrito sobre la mesa y me dice que está sorprendida con mi demora, que con las ganas que tengo de que me editen un libro pensaba que bajaría más rápido. No abro la boca. Tiene la blusa de seda blanca. “Es el uniforme de la empresa, tengo uno para cada día, se lo digo, por si hace alguna notita en el facebook”. Evito nuevamente contestarle. “Por lo menos practica la economía de palabras: no contestó ni siquiera lo del café”. Le digo que no tomo café. Recorro con la mirada sobre la línea de las cabezas y encuentro al mozo detrás de la barra, coronado por el reloj de “Café Los 5 Hispanos”. Le hago la seña de juntar dedo pulgar con le índice de la mano derecha y llevármelo a los labios. Con una sonrisa cómplice, levanta su pulgar derecho. La chica me dice: “No me ofendió lo que puso de mis vértebras puntiagudas”. Invento un interés de arqueólogo en las marcas que tiene la mesa. La escuálida levanta el tono: “Si tengo combada la columna es por leer tanta porquería de los escritores”. El mozo rompe la conexión de alto voltaje que la mirada de ella hizo sobre mis ojos. El mozo apoya la taza con té de tilo y le dice a ella que tomo eso porque tengo demasiada energía y la tengo que bajar con el tilo para no matar a ninguna. Me guiña un ojo y me da un cachetazo en la nuca. El flequillo cae y se entrevera en mis pestañas. Me reacomodo la punta de los pelos detrás de la oreja. La secretaria de la editorial se pone de pie, dice que se le terminó la hora del almuerzo, que saben mucho de mí y quiere que lo hablemos, pero que la próxima cita llegue con más tiempo. Agradece la invitación de los café”, se retira, no me doy la vuelta. Sobre la ola sonora del bar, barrena el arrastre de sus sandalias. El mozo reaparece con reproche: “una vez que caes con una mina, se te va. Para colmo, te vistió de Paganini, cinco se tomó”. En la tele pasan los goles de la derrota de Boca frente a Godoy Cruz. El bar es murmullo monocorde. El mozo mira la pantalla y larga “es el fin de la ilusión” y media faz del rostro se le oscurece.

Me pierdo en el verde de la bombonera salpicado de papelitos y trago, en mínimas tomas, el té de tilo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Bitácora editorial

El tipo que me va a atender es gerente de una editorial y amigo de un amigo mío.Mi amigo le dijo a su amigo que tenía un amigo que escribe. Su amigo le respondió “que me venga a ver a la oficina”. Mi amigo me instó a ir a esa entrevista, pero me recalcó “Antes de ir, respondete: ¿por qué voy a golpear esa puerta?”.

Una chica escuálida abre la puerta. Me indica que la siga. Ella arrastra las suelas de las sandalias sobre la alfombra de un pasillo largo y de paredes blancas. Al final del pasillo, la chica empuja una puerta y desde adentro me dicen “pasá y sentate; mi amigo me habló de vos, decime en qué te puedo ayudar.” Y, haciendo caso del consejo de mi amigo, le dije que quería publicar alguna de mis novelas. El amigo de mi amigo me dice que funcionaba muy bien la autoayuda y yo le digo que escribía ciencia-ficción, una especie de literatura de anticipación psico-socioeconómica de la resaca capitalista. El amigo de mi amigo revisa sus mails mientras hablo. Ante mi silencio, saca los ojos de la pantalla, manotea un libro, lo gira y lo abre al medio. “Algo parecido a esto tenés que escribir, contá tu historia, desde que te parieron adentro de un comercio hasta que fuiste gerente de una corporación, para que los demás aprendan de tu experiencia”.

Paso sin ver cuatro hojas de ese libro. Entra la escuálida y le dice al amigo de mi amigo que se acordara de la reunión con el señor Urruti. “¡Ah! Urruti, casi me olvido. Me vas a tener que disculpar, lo tengo que atender, Urruti es un amigo”. Apoltronado en la silla me estira la mano y me pide que le mande saludos a su amigo.

De nuevo en el pasillo, voy detrás de la chica escuálida que arrastra las suelas de las sandalias.

Al llegar a la puerta, descubro que la chica tiene una joroba de vértebras puntiagudas debajo de la blusa de seda. Gira el picaporte, avanzo, me dice “adiós” y da un portazo.

lunes, 31 de enero de 2011

Making off FANTASTI´CS 10

La FANTASTI´CS 10 de Castellón fue organizada por libería Argot y revista miNatura, entre otros. Contó con variadas y ricas presentaciones de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía.
Nos sumamos a la jornada con lecturas de cuentos de ciencia ficción desde Buenos Aires. Durante varios días, los asistentes de la jornada nos conocieron por video. Este making off que preparó miNatura Producciones, da detalles del detrás de escena. Aquí va ese registro:
http://www.youtube.com/watch?v=bG1b5j9dNrw

viernes, 28 de enero de 2011

Volví a nacer

Tras siete días de muerto en la blogósfera, Google me ha devuelto a la vida.
Ante mis reclamos respondió:
"Hemos recibido tu solicitud en relación a tu blog http://juanguinot.blogspot.com/. Después de revisarla en detalle, hemos determinado que nuestro sistema automatizado había señalado por error que tu blog incumplía las condiciones del servicio y, por tanto, lo hemos restablecido. Lamentamos las molestias que este proceso te haya podido causar y te agradecemos tu paciencia mientras llevábamos a cabo la revisión."
Esta resurrección va a venir con cambios...

lunes, 17 de enero de 2011

Con qué sueña Walt - Revista miNatura - Philip K. Dick


Revista miNatura dedica el número 107 a mi admirado Philip K Dick. La revista está para leerla de punta a punta y en algún lugar reservado de las miradas fisgonas.
Fragmentos de la obra de Dick, ilustraciones y una gran selección de relatos brevísimos de autores de la ciencia ficción conforman el dossier.
Para descargarla:
http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/
Aquí pego el microcuento que escribí para este número

Con qué sueña Walt

La bolilla circunvala la oreja del ratón, parece la última, de la última materia, del último examen. Redonda, mucho más redonda es al final, en la cornisa de membrana negra y se deposita en el lóbulo. No columpia en el lóbulo y la bolilla es negra, muy negra. Y él, de frente al ratón, extiende la mano derecha y el lóbulo de la oreja del ratón no se mueve. Los ojos del ratón, también redondos, de centro negro y blanco sobre curvo, miran fijo la mano derecha de él y la mirada comprime las líneas de la palma. La línea de la vida ata a las demás líneas y hace un ramito de líneas violetas y marchitas. De la muñeca brota otra mano derecha; derecha sobre derecha y, también, con las líneas en ramito violeta y marchito. Y mano sobre mano derecha copulan, y el ratón de ojos negros no fracciona la mirada y él, atento a sus manos en goce ajeno, se recuerda adentro de un sueño en que la bolilla salía por la oreja de un ratón, y era negra, muy negra y era la última, de la última materia, del último examen y hace fuerza para recordar ese sueño que ya ha soñado, ese sueño en el que un ratón lo mira con los ojos curvos y congelados.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Presentación de Editorial Outsider










Fena Della Maggiora tocó 6 temas y se largó la lectura de textos. Blanca Lema recitó poesía (sorprendió con un texto en chino/español). Yo leí el cuento "0% de grasa" (podés ver la lectura que hice para España http://www.youtube.com/watch?v=AwW1c5nzqEI ).
Outsider (Valeria Iglesias/Enzo Maqueira) presentó dos libros:
Federico Jeamaire (Los Zumitas) compartió libro con Juan Guastavino (El silencio del río) en una idea brillante de cooperación/apadrinazgo literario que promueve la editorial. El otro libro es una antología de relatos y poesías (karina Macció, Lila Monti, Juan Incardona, Gabriela Cabezón Cámara, Jimena Repetto, Valeria Iglesias, Matías Laje, Enzo Maqueira y Juan Guinot, entre otros).
Dos libros y un horizonte infininito para Editorial Outsider.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cura futura - Revista miNatura - Viajes en el tiempo


Ya salió revista miNatura (Cuba-España) con un número imperdible dedicado a los viajes en el tiempo. Un cuerpo de sólidos microrrelatos es acompañado por una historieta, imprescindible información científica, un repaso por el cine y los viajes temporales y, para finalizar, la invitación para participar en un nuevo certamen de poesía fantástica.

Para descargar la revista tenés que entrar en:

http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/

Cura futura es mi microcuento para este número:

Viajó dos años por el espacio. A su regreso, para el tiempo de la tierra, serían treinta y tres años después de la partida. Los médicos le aseguraron que ese lapso bastaba para desarrollar la cura futura. Dejó al laboratorio una paga millonaria y a la agencia espacial legó su imperio de empresas.

El viaje, en general fue placentero: cine, libros, píldoras y pasta. Sufrió periódicos sacudones, pero nada fuera de lo previsto. El cuerpo, eso sí, le había cambiado: músculos laxos, pellejos colgantes, ojeras sempiternas y la piel, esa rara piel, brotada de ínsulas de nicotina.

Dos años para él (y treinta tres años para la tierra) más tarde, regresó a la atmósfera y la nave aterrizó en el punto de partida: una pista gris en medio del desierto.

El sistema de frenos funcionó, calló el rugido de motores. Palpitaba la cura futura.

Del otro lado de la ventana el desierto era recorrido por madejas de hierba seca y tornados enanos. Habló por el transmisor, pero no recibió respuesta. Esperó a que fueran por él y, al pasar los minutos, el júbilo del regreso fue alcanzado por los primeros matices crepusculares.

Fuera de la nave, la arcilla del suelo comenzó a cuartearse y mínimos cristales hincharon sobre la superficie un colchón blanco que crecía más allá de la ruedas.

No quiso bajar de la nave. Imaginó el canto de los grillos. También una recepción estruendosa con cámaras de televisión, periodistas atractivas y el equipo del laboratorio con la dosis de la cura futura.

Cuando la sábana estrellada de la noche lo cubrió por completo y los destellos de la estrellas lo iluminaron, se reencontró con su rara piel hecha un continente de alquitrán.

Sin los treinta y tres años de la tierra, estaba dos años más enfermo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

sábado, 27 de noviembre de 2010

El Terminal en Antología Outsider


El viernes 03/12 Valeria Iglesias dará a luz a Editorial Outsider
20hs - casa brandon -luis maría drago 236
Presentando sus dos primeros libros:
los zumitas/el silencio del río de
federico jeanmaire
juan martín guastavino
+
antología outsider de gabriela cabezón cámara, juan diego incardona, noelia rivero, blanca lema
eva racana, juan faerman, vane miller, juan guinot
tomás grounauer, y muchos muchos más!
+
musicaliza: fena della maggiora

lunes, 22 de noviembre de 2010

Revista Casquivana

La potencia grupal de los amigos de Alejandría puja para dar a luz a la revista Casquivana. Se presentará el miércoles 15 de diciembre, 20hs, en Todo Mundo Bar, calle Anselmo Arrieta 1065 (San Telmo)
En este primer número aparecerá una pequeña colaboración que me pidieron, pero lo más importante es saber que se viene una producción variada de autores varios: Carlos Autieri - Mariana Baizán - Ariel Bermani - Pablo Besarón - Luis Castro - Oliverio Coelho - Esther Cross - Ginés Cutillas - Roberto Follari - Juan Guinot - Gustavo Deveze Jeneverito - Gonzalo Jourdan - Eleonora Kortsarz - Marian Lutzky - Pablo Martín - Lucas Misseri -Alberto Montt - Julio César Parissi - Jimena Repetto - Diego Rodríguez - Daniel Roldán - Leonardo Saguerela - Edgardo Scott - Alexis Stamboulis - Ana María Shua - Patricia Suárez - Valeria Tentoni - Lucila Paula Valentini - María Villanueva - Fabián Zaccaría - Hernán Zaccaría.




www.casquivana.com.ar

lunes, 15 de noviembre de 2010

Robots y Timbre 2 en Ciclo Cronopios




El domingo 14 estuve en el Ciclo Cronopios que gestiona Eliana Ramponi. Este ciclo cuenta con el apoyo de muchos artistas mercedinos y permite compartir en una noche distintas expresiones artísticas. Se presentó el último número de la revista La Sombra (dirigida por Gastón Cartasegna, quen también fue el fotógrafo del ciclo) y el libro Timbre2 Velada Gallarda. En la velada literaria estuvieron Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Sebastián Pandolfelli, Fauri, Eliana Ramponi, entre otros. Hubo música en vivo, DJ Fauri en las bateas, choripanes, cerveza y danzas árabes. Una organización impecable, sala colmada e increíble respeto de la audiencia.
El ciclo se realizó en el espacio cultural El Limonero (gracias Pablo Russo).

Acá va un vídeo de la presentación:
http://www.youtube.com/watch?v=TCqRqOuUxbI

Segundo vídeo con la lectura (solo el comienzo) del capítulo 2 de mi novela corta "Robots todavía no vendemos":
http://www.youtube.com/watch?v=WS5TFTZUcFY

viernes, 12 de noviembre de 2010

FANTASTI´CS 10 INTERNACIONAL



























Aqui estamos los escritores que participamos del FANTASTI´CS 10: José María Marcos, Juan Guinot y Pablo Martínez Burkett (de pie), Jorge Quien, Ricardo Curci y Fernando Figueras (sentados); Marcos Almada (tras la cámara)
Más arriba: dos fotos del detrás de escena. Nuestros seguidores podrán conocer los secretos del equipo de efectos especiales.

martes, 9 de noviembre de 2010

0% de grasa narrado para FANTASTI`CS 10 - Castellón España

En el marco del Festival de Literatura de ciencia ficción, fantástica y terror FANTASTI´CS 10 (Castellón, España) se hizo una velada literaria en Buenos Aires.
Esta tertulia se filmó y se emitirá en la librería Argot (Castellón) durante el festival. Los lectores fuimos: José María Marcos, Fernando Figueras, Ricardo Curci, Marcos Almada, Jorge Quien, Pablo Martínez Burkett y yo. Ahí va un anticipo, mi lectura del relato "0% de grasa" (publicado por vez primera en España por la editora Pilar Barba en su página "NCG3660").
Te invito a ver el vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=AwW1c5nzqEI

martes, 2 de noviembre de 2010

La Pulpería de las Luces en revista NM #18


La revista NM dirigida por Santiago Oviedo acaba de lanzar el número 18. Esta revista especializada en la literatura fantástica hispanoamericana convocó para escribir relatos sobre el Bicentenario. La Pulpería de las Luces narra en voz y tiempo presente de uno de los participantes de ese momento histórico (personaje que existe allí arriba en mi árbol genealógico), el encuentro de este comerciante con un pulpero, Fogwill y Laiseca el 25 de Mayo de 1810, dentro de una pulpería fantástica.

Este relato fue escrito antes de la muerte de Fog. Guardé de mostrárselo con la ilusión de darle la sorpresa una vez publicado. Espero que en la mirada de quienes lo hayan querido, logre llegar a la de él.

Una aclaración: en nuestro país "Pulpería" es un comercio de ramos generales, tragos y esparcimiento de los hombres en los tiempos de la colonia. Todavía se pueden encontrar algunos de esos comercios en parajes rurales. Lo aclaro porque nada tiene que ver con comercio de ventas de pulpos (España) o tiendas de ventas de golosinas (Centroamérica).
Para leer más deben entrar a www.revistanm.com.ar y cliquear en "HEMEROTECA". Se puede descargar la revista gratuitamente

Aquí va el comienzo del cuento:

LA PULPERÍA DE LAS LUCES
JUAN GUINOT
Allí voy; conozco el camino de memoria y hasta podría llegar con los ojos vendados. Como lo digo, parado en la puerta del Cabildo, de cara al puente de Gálvez, y al Sur, un día despejado (similar a uno de estos días diáfanos de Mayo), sin la ayuda de mi vista, llegaría a la Pulpería de las Luces. Y no lo lograría por aguzar mi olfato para subirme al camino aéreo del tufo de esa jauría de perros marrones, pura costilla y cuero, y reproducidos hasta en los manchones de la sarna, instalados al pie del palenque de la pulpería. No, no sería por ello. Llegaría allí porque, luego de andar por piedra y polvo, mis botas comenzarían a pisar suelo cenagoso y mi rostro recibiría los primeros gotones de esa lluvia perenne instalada sobre la Pulpería. Barro y lluvia, una referencia simple que me permitiría llegar allí, aunque tuviese los ojos vendados.
Llegar es fácil; por lo menos para mí, porque en lo que concierne a muchos de los que dicen manejar a su gusto este ángulo del Río de la Plata ni siquiera la verían si los llevara de la mano y los pusiese nariz contra puerta.
La Pulpería elije quién debe verla, quién debe entrar y quién debe salir.
Es media mañana y a mis espaldas dejé, paredes adentro, a los cabildantes derretidos en sus preocupaciones y, paredes afuera, a la efervescencia victoriosa de la Plaza de la Victoria. Los de afuera, al verme salir del Cabildo, me saludaron con los cuchillos en alto; es que yo los llevé a la plaza. Son los hombres del piquete que con rudeza clavaron en cuanta galera se les cruzase los retratos de Fernando VII y en las solapas las insignias blancas. Una jugada simple de marcación: quien no lleva el jirón blanco, será blanco de los disparos. Esos trocitos de tela blancas eran retales hechos en las mejoras hilanderías inglesas que tenía abarrotados en el almacén y sin poder vender. Se los había comprado hace cuatro años por migajas a un navío inglés atestado de telas. El buque estaba amarrado al desconcierto en el Puerto de las Conchas. Semanas antes se había echo a la mar desde Inglaterra, montado a una frenética carrera de cien naves mercantiles que habían zarpado con la ilusión que les despertó una circular enviada por Mr. Pophan a banqueros e industriales de Londres (reconozco mi mano en esas líneas), que tan desesperados andaban por colocar sus excedentes industriales tras el bloqueo napoleónico de los puertos europeos. Los bergantines izaron velas con bodegas a tope de productos industriales para vender en el Río de la Plata. Gran parte de esos navíos, en alta mar, pudieron ser reenviados a otros puertos al enterarse de que la invasión a esta Colonia había fracasado, pero el barco de los retales y un puñado más nunca recibieron las malas nuevas; llegaron aquí insuflados por la ilusión comercial y, para su sorpresa, no los esperaban los héroes escoceses. En el puerto los aguardábamos un simple servidor, un grupo de criollos armados (de estos que hoy tengo en la Plaza) y un traductor que les explicó que el mejor negocio que podían hacer era venderme sus bodegas cargadas (y su frustración) al precio de las raciones y barriles de agua que le permitiesen regresar, sin secuelas, con sus familias. No fueron fáciles de convencer; pidieron tres días, demasiado tiempo para las cavilaciones en este punto del mundo. Pero unas apariciones luminosas sobre el río, seguidas por gritos desgarradores, los atormentaron la primera noche en las que se sometieron a la reflexión. Al rayar el alba del segundo día, y ante la evaporación de cubierta de un puñado de marinos ingleses de la guardia nocturna, no hizo falta el intérprete para saber que habían aceptado mi oferta. Y cumplí con mi entrega de raciones, esa misma jornada, ni bien apareció la luna. Mis carretas tirados por bueyes se adentraban al río con barriles llenos de agua, charqui y sacos de harina, y volvían a la costa con los hilados ingleses. La operación culminó al alba.

Para leerlo completo, ingresá en la web de revista NM

lunes, 25 de octubre de 2010

La Guerra del Gallo en el recital de la banda Rojo Estambul










El grupo Rojo Estambul festejó su primer aniversario y tuvo la generosa idea de invitar a artistas para presentarse junto a ellos:fotos de Vero Cozzi (www.flickr.com/photos/verocozzi), pinturas de Guillermina Van Der Kooy (www.arteyfotografia.com.ar/4055) y textos de Juan Pablo Cozzi (www.bastardillas.blogspot.com). Entre tema y tema, Sergio Fuda robó sonrisas a los más de cien asistentes (www.sergiofuda.blogspot.com). Junto a la banda tocaron Freddy Valdez, Ignacio Sala y Gustavo Lankan García. Rojo Estambul está formado por Josefina García y Nicolás Blum (www.rojoestambul.blogspot.com) y suenan muy, pero muy bien.
A mi me tocó abrir el segundo acto. Leí e interpreté la génesis de Masi, el guerrero de mi novela "2018-La Guerra del Gallo". Allí van las fotos.

viernes, 22 de octubre de 2010

Participaré de la FANTASTI´CS 10 - Castellón, España


La FANTASTI´CS 10 se hará en Castellón (España) y es organizada (entre otros) por librería Argot y revista miNatura. Será la primera versión de estas jornadas de ciencia ficción, fantasía y terror que se extenderá durante el mes de noviembre.
http://fantasticastello.blogspot.com/
Desde Buenos Aires participaremos con un encuentro de escritores del género que se proyectará en la librería Argot (Castellón)durante las jornadas. En esta velada literaria me acompañarán Pablo Martínez Burkett, Jorge Quien, Marcos Almada, Fernando Figueras, José María Marcos y Rusi Millán Pastori.

lunes, 18 de octubre de 2010

Salgo a escena junto al grupo Rojo Estambul - Viernes 22/10


Saltará a escena Masi (el personaje de mi novela "2018-La Guerra del Gallo") para contarnos como se gestó el héroe después de la Guerra de Malvinas.

viernes, 8 de octubre de 2010

Ciclo Corrincho



Fotografías tomadas por José María Marcos de mi lectura de anoche en el ciclo literario corrincho. Estuvieron en escena Gabriela Cabezón Cámara y Leandro Avalos Blacha.
La banda Rojo Estambul improvisó mientras leía y el resultado fue mágico.

martes, 5 de octubre de 2010

Leeré en el Ciclo Corrincho BA - 07/10 21.30hs


Patricio Eleisegui y Marcos Almada han ideado este ciclo que va por el capítulo 7. La característica de la tertulia es la lectura de un capítulo de novela en creación.
Los escritores convocados leen a un colega. Entonces a la novedad de escuchar escritura en proceso se le suma otra voz.
Habrá música, tragos y un ambiente amigable.
Jueves 7 de octubre - 21.30 horas.
El Arte de Fluir. Olleros 3804 (y Rosetti)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Hospital anónimo en La Sombra Literaria

Gastón Cartasegna incluye en su periódico de literatura mi poesía "Hospital anónimo". Esta poesía la escribí el 6 de abril de este año y había sido publicada por primera vez hace unos meses por la revista cubano-española miNatura.
Meses después, tras la internación y muerte de un entrañable amigo, pude saber que había escrito sobre él.
http://juanguinot.blogspot.com/2010/07/hospital-anonimo-en-revista-minatura.html

domingo, 29 de agosto de 2010

martes, 24 de agosto de 2010

Mis tragos de ciencia ficción


Los tragos que preparé: Laica libre (vodka+cola), Ciberdrunk (curazoa, run, lima y naranja) y Lluvia ácida (gin, limón, naranja y azúcar)

sábado, 14 de agosto de 2010

Lectura en Madrid de una crónica del libro Timbre 2

Ya han tocado el timbre 2. Asi comienza el libro. Así comienza una Velada Gallarda. Los invito a pasar y disfrutarla
http://www.youtube.com/watch?v=kg97kdtoLUk

viernes, 13 de agosto de 2010

Carlos Salem y Juan Guinot en Madrid

Junto a Carlos Salem, explicamos qué son las Veladas Gallardas y La Compañía en la presentación del libro Timbre 2- Velada Gallarda
http://www.youtube.com/watch?v=cY9TvNWa5TM

miércoles, 11 de agosto de 2010

Timbre 2 - Reseña literaria

GOlosina caníbal es el blog de reseñas literarias de Matías Raia. En el día de hoy nos ofrece una mirada muy interesante del libro Timbre 2- Velada Gallarda.
http://golosinacanibal.blogspot.com/2010/08/una-velada-inolvidable-sobre-timbre-2.html

miércoles, 4 de agosto de 2010

Timbre 2-Velada Gallarda en Madrid

El primer sábado de Julio estuve en Madrid para presentar el libro Timbre 2-Velada Gallarda (Ed. Pulpa).
Aquí van los enlaces para ver (y escuchar) las palabras de nuestros anfitriones: Carlos Salem y Marcelo Luján.
Timbre 2 se puede comprar en Madrid en las librerías La Clandestina y Tres Rosas Amarillas.
Salem:
http://www.youtube.com/watch?v=tqvcdc_EA0Q

Luján:
http://www.youtube.com/watch?v=Gy7c3SJ5L8Y

lunes, 2 de agosto de 2010

El Terminal en Editorial Outsider

Valeria Iglesias es acción pura. Una de sus tantas facetas vienen de la mano del Ciclo de lecturas Outsider. De ese ciclo nace la antología de relatos Outsider que está muy cerca de salir a las calles. Mi cuento "El Terminal" está dentro de ese cuerpo de relatos. Se prometen más novedades sobre este lanzamiento en el próximo Outsider del 27 de Agosto (Casa Brandon-Buenos Aires).
El blog de Valeria es:
http://absurdayefimera.blogspot.com/

lunes, 19 de julio de 2010

Semana Negra de Gijón




Pasé por la Semana Negra de Gijón. Este evento (ideado por Paco Taibo) reune lo mejor del género literario policial y acerca la temática de lo fantástico, terror y ciencia ficción.

jueves, 15 de julio de 2010

Hospital anónimo en Revista miNatura


Acaba de salir el último número de la revista cubano-española miNatura y la temática es el universo Edgar Allan Poe.
Allí podrán encontrar mi poesía "Hospital anónimo" y una colección de relatos de autores de todo el mundo, críticas literarias de Ricardo Curci y crónicas desopilantes de Rusi Millán Pastori.
Los invito a descargar la revista:
http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/

Hospital anónimo

Un hospital anónimo

con enfermeras de sonrisas que repelen, ratas en las ventanillas de admisiones

y médicos de diagnósticos borrosos y caras ilegibles.

Un hospital anónimo, quiero para morir.

Con habitaciones de ángulos rectos, descascarados y teñidos por sueros sangrantes.

Con paredes que tengan por todo arte pústulas y crucifijos, y ventanas de cristales rotos.

Lejos de todo encuentro, inhallable,

donde solo confluya una lluvia espesa

y siempre parezca de noche.

Frío, será mi hospital anónimo.

Un frío que pinchará y dolerá mucho, y olerá a inyecciones.

Para morir quiero un hospital anónimo.

Con puertas ruidosas, camillas de roleo oxidado;

manzanas en compota y gusanos enfiestados sobre la carroña.

Un hospital anónimo, ni lejos, ni cerca;

oculto entre algodones, trazado sobre una gasa ocre,

donde queme la capilla ardiente, la ambulancia cante todo el día y la luz de la vela se encienda de tanto último hálito.

Así quiero al hospital anónimo para mi muerte,

para que, envuelto en tanto espanto, paladee con gusto, y hasta el fin,

la resaca que me quede de vida

6/4/10



lunes, 5 de julio de 2010

Presentación en Madrid














Los escritores Carlos Salem y Marcelo Luján nos acompañaron en la presentación madrileña de nuestro libro "Timbre2-Velada Gallarda". Agradezco a Pilar del bar Los Diablos Azules por recibirnos y al grupo de seguidores madrileños (con Loli Martínez Vazquez Prada a la cabeza) que colmaron la sala.

martes, 29 de junio de 2010

domingo, 27 de junio de 2010

El esteróptico de la Union Europea sobre Mercedes

Cristian Falabella, director del portal noticiasmercedinas.com me pidio que escribiera algo para el suplemento especial del IV aniversario. Allí a la nota y presten atención, a no enterarse por otro sobre los efectos del esteróptico de la Unión Europea sobre los mercedinos.
Los invito a disfrutar de este suplemento que cuenta además con notas de Hernán Casciari, Fabián Morales, Cristian Falabella entre otros
www.noticiasmercedinas.com/4aniversario

Antes que te llegue por otro lado, te quería contar que el esteróptico de la Unión Europea está sobre los habitantes de Mercedes y mucho tuvo que ver noticiasmercedinas.com. Omitiré mención alguna de nombres y apellidos, no porque tenga compromisos con las partes involucradas, simplemente porque poner algún nombre y apellido en alemán te perdería de la esencia de mi crónica.
Bien, vuelvo al principio. Estaba en una reunión en Saarland, Estado de Saarbrüken, al sur de Alemania. Se trataba de un encuentro literario y el Secretario de Cultura había tomado la palabra hacia un buen rato. Mi des-manejo del idioma alemán hizo que buscara alguna distracción: jugar a encontrar las diferencias entre los miembros de la Sociedad de Poetas sentados a la mesa. Este juego resultó opiáceo, los tipos eran iguales, parecían réplicas de acero. Teniendo al alcance de los dedos una computadora, que muy gentilmente me había acercado el Secretario de Cultura para que descargara unos cuentos de mi autoría (que dijo traduciría en voz alta, y a modo de homenaje, al cierre de la reunión), sucumbí a la tentación de recorrer páginas de Internet para sopesar el plastrón en el que me encontraba atrapado. Así fue que pasé algunos diarios digitales y me metí en noticiasmercidas.com. El portal del amigo Fala está entre mis predilectos, pero básicamente por un tema: la ecología. Noticias de las últimas horas daban cuenta de una bicicleteada desde la descarga cloacal del municipio en el río Luján al Parque. Eso me llevó a recorrer el histórico de notas del portal sobre la contaminación del río Luján. Pasaba las notas y me ponía cada vez más loco. Sabés, el río me puede, me saca lo peor, es algo horrible que arrastro. El río fue la primera de mis derrotas. Te preguntarás por qué. Muy simple. En el ´74 o por ahí, fui a la inauguración del balneario. Toda la ciudad chapoteaba debajo de la pasarela, eso era alegría en estado puro: sanguche de mortadela, botella de crush y pelota pulpito. Había tocado el cielo con las manos. Ponele que fui dos veces más a nadar y, a la tercera, la ilusión se me acabó de golpe: un cartel avisaba de la prohibición de bañarse. La razón: un pibe casi se murió por tragar agua del río. Se supo entonces (extraoficialmente) que el cauce traía consigo las porquerías de curtiembres, mataderos, cloacas y Ducilo. Pasé del cielo al infierno sin paradas intermedias. Y todo siguió así, no da este momento para que te lo cuente, pero mi familia y amigos ahí empezamos a luchar por el río, yo era un chiquilín. Mirá, hasta tuvimos que bancarnos las extorsión de Ducilo. Sabés que los tipos nos sacaron el trabajo que mandaban a nuestra fotocopiadora después de que mis padres suscribieron una denuncia por contaminación del río. Fue horrible, digo, lo del río: de un día para el otro, aparecieron miles de peces muertos (flotaban con las panzotas infladas de veneno) en la parte del río que cruza el Parque; para ser más preciso, desde la desembocadura de la zanja que nacía en Ducilo (esa que está al lado del puente de la Trocha). Bueno, por ahí con esto entendés algo de la génesis de mi enojo y mi manía con leer del Portal qué carajo pasa con el río Luján. El portal del Fala es consecuente con el tema, el tipo como buen ariano mete topetazo y no lo pueden parar, por eso lo sigo.
Esa mañana, en la reunión con el Secretario de Cultura de Saarland, no fue la excepción. Me empecé a rascar la cabeza, morderme el labio, bufar. Y yo me transformo con el tema de la contaminación, me saca, muto a increíble Hulk. Imaginate la cara de loco que tendría que el Secretario de Cultura dejó de hablar y, por primera vez en dos horas, los doce alemanes movieron los globos oculares para enfocarme con sus miradas y dibujaron un rictus oxidado ¿Podés entender el grado de drama en el que me encontraba? El Secretario, en un español aprendido en sus estadías estivales en las playas de Castelldefells, cerquita de Barcelona, se me acercó diciendo que leería uno de mis escritos, que no debía ponerme así. Yo ni tronco de bola, seguía ahí metido en las notas del río y, para cuando el Secretario de Cultura se me acercó y visualizó la noticia del portal ardió Troya. Uno de los poetas que tenía a mi derecha y chivaba chucrut no dudó en ceder su sitial, el Secretario se acomodó a mi lado y tradujo a vivo voz alemana aquello que leía desde el portal. Yo no entendía un pomo, pero ponerle al cuadro la musicalidad de la lengua alemana era lo que faltaba para la pintura del terror. Fue hora, hora y media, el tiempo en que ellos me preguntaron y yo respondí. No escatimé en detalles, me despaché, más bien me desangré a través de las heridas que me inflingió el maltrato del río a lo largo de mi vida. Ellos decían que no podían creer que toda una ciudad viva de espaldas al río. El Secretario de Cultura sacó de un bolsillo interior del saco el celular, habló con alguien y me dijo que aguardáramos un instante. Para entonces, los doce poetas ya estaban arracimados sobre mis hombros, atentos a la pantalla que yo les actualizaba a cada instante. El celular del Secretario sonó, no habló, colgó y ahí me dijo lo del esteróptico. A ver, eso entendí yo. Él lo dijo en alemán mezclado con catalán. Se trata de un aparato de la Unión Europea. Ese bicho anda orbitando el espacio, metido dentro de un satélite y ausculta a la gente. Nada complicado. Los auscultados casi no se dan cuenta y solo les da un picor en el cuero cabelludo muy similar a los pinchacitos de los piojos. No te doy más vueltas, el tema es que el esteróptico miró la mente de algunos niños mercedinos menores a nueve años y comprobó que ni siquiera saben de la existencia del río Luján. Ante tal hallazgo, ampliaron la muestra a hasta los veinte años y lo mismo. Viste, estos no corren, vuelan y si algo tienen, es que son expeditivos. Bien, avanzaron con la muestra a todas las edades y en el 97,59% de los esteropticados desconocen al río Luján y, para peor, si se los pusiera delante del río tan siquiera lo verían. Te podrás imaginar si para ese entonces sangraba por la herida, con esto era un océano de sangre. Tanto despotricar por el maltrato de un río y la gente ni la más pálida idea de lo que se habla. Con esto entiendo por qué nuestros vecinos nos creían locos con al escucharnos hablar del río. El Secretario de Cultura intentó calmarme, me dijo que el daño es reparable, se trata de algo que se puede trabajar. Primero deben mirar con el esteróptico todas las mentes merceditas para descubrir primero donde hay que tocar. Luego desbloquear el pedacito de la función de la vista que no les deja ver el río. Al final, eso es lo más difícil, descubrir a los culpables. Mencionó algo del reclamo que harán a nuestro Gobierno en la próxima reunión de G-20, al Tribunal de La Haya, de la salida de un Canciller Argentino. Me prometió que pronto irán a Mercedes y beberían de ese río con sus pajitas. Esto por ahí te resulte raro, pero tiene que ver con una costumbre ancestral, que ese mismo día hicimos al concluir esta reunión. Antes de dar por finalizada cada jornada laboral todos los funcionarios públicos deben tomar con una pajilla del río Saar (es el curso cristalino que recorre Saarbrüken). Estábamos ahí, a al vera del río Saar y cada uno sacó su sorbete del bolsillito del saco (comparten espacio con lapiceras). Se arrodillaron, reclinaron el torso, metieron la pajita entre sus labios, introdujeron el otro extremo en el cauce y bebieron. No una gota, saciaron la sed de un mamut. Fue impresionante. Eso dice que harán en el Parque, junto a los funcionarios municipales y todo vecino que quiera sumarse. Creeme no veo la hora de pasar por las noticias del portal y ver esa foto. Será un lujo. Si el esteróptico funciona, quién te dice, por ahí hoy mismo empieza una procesión de bebedores del río Luján y mirá si vuelven los sanguches de mortadela, la crush y la pelota pulpito, eso sería tocar de nuevo el cielo con las manos, salir del infierno.
Mirá, si te parece, para no ilusionarme al cuete, porque no va a ser la primera vez que algo hecho en Alemania no nos funcione (nunca olvidaré la televisión Telefunken a colores que compramos para el Mundial ´78 y nos mostró todos los partidos de color púrpura), andá mirando si los mercedinos se rascan mucho la cabeza, fijate bien, va a ser una especie de ataque masivo de piojos. Fijate y contame, así me quedo tranquilo que ese esteróptico funciona.

miércoles, 16 de junio de 2010

Presentación en Madrid - 01/07 21,hs - Los Diablos Azules - calle Apodaca 6




El jueves 1/07, presentaremos en Madrid el libro Timbre2-Velada Gallarda junto a Cecilia Delany (colega del proyecto editorial) y los escritores Carlos Salem y Marcelo Luján.
Los Diablo Azules
Apodaca 6, Madrid
21 hs
¡Espero verlos!

domingo, 13 de junio de 2010

Timbre 2 en noticiasmercedinas.com

El portal de noticias que dirige Cristian Falabella acaba de publicar una nota sobre el reciente lanzamiento del libro. Los invito a leerla (y de paso a informarse de lo que pasa por el pago mercedino)http://www.noticiasmercedinas.com/100613timbre2.htm

viernes, 11 de junio de 2010

Alberto Laiseca reseña mi cuento Cuis Lingual (Timbre 2-Velada Gallarda, Ed. Pulpa)

Cuis lingual, de Juan Guinot. Nada fácil este cuento de Juan. No estoy muy seguro de haberlo entendido, pero aquí va. Los cuises y la humanidad están en paralelo y, en algún sitio, son lo mismo. Los cuises sostienen que su función es entretener a los humanos. Yo diría que más bien están para enseñar. Y ya sabemos lo que les pasa a los docentes: los cagan a palos. “¿Por qué no nos vamos?” En efecto: los docentes por qué no nos vamos. Por razones de supervivencia.
A raíz de que los odiados cuises, dueños de la palabra, se van, todos caen en el mito bienhechor (bienhechor para los cuises) de la auto extinción en masa. “Se van a un lugar, donde nadie puede vivir, para suicidarse”. En realidad, los bichos construyen un paraíso. Este paraíso, entiendo yo, es el de hacerse el muerto y callarse la boca.
Está probado científicamente que la docencia, en efecto, es mala para la salud. O, como decían las viejitas de mi pueblo, Camilo Aldao, “El comedido siempre suena como arpa viaja”. Estos comedidos ¿seremos los escritores linguales?

Alberto Laiseca - 07/06/2010

miércoles, 9 de junio de 2010

La Casa de la Lectura - Timbre 2

La noche gélida del martes no detuvo al centenar de asisitentes que concurrieron a la presentación del libro Timbre 2-Velada Gallarda. Una sala colmada escuchó crónicas, la reseña de cada cuento hecha por Alberto Laiseca, las cuerdas y voces de Los Cachivaches; también conoció en persona al muñeco Pin, secundado por Nubia Sobico.
Para ver más fotos, cobertura y la reseña por cuento por cuento del escritor Alberto Laiseca, los invito a visitar el blog de Timbre2-Velada Gallarda.
http://timbre-dos.blogspot.com/

lunes, 7 de junio de 2010

En FM La Tribu 88,7 - Acá no es


Fui invitado por el programa Acá no es, FM La Tribu, (FM 88,7 - lunes 20hs) para presentar Timbre 2 y leer una crónica del libro que retrata las Veladas Gallardas.
Si querés escuchar la nota va el link: http://acanoes.wordpress.com/

Laiseca presenta a Timbre 2-Velada Gallarda (Diario Clarín)

jueves, 3 de junio de 2010

En Clarin...

Ciclo Alejandría



Junto a Odiseo Sobico (y Cortázar) nos tocó abrir la noche espectacular del Ciclo Alejandría.
Para comprar el libro "Timbre 2-Velada Gallarada" desde cualquier punto del planeta los invito a entrar en el sitio virtual de Librerías Santa Fé
http://www.lsf.com.ar/libros/80/TIMBRE-22/


Esta es la crónica de la noche escrita en el blog de Grupo Alejandría:
http://elgrupoalejandria.blogspot.com/2010/06/el-ultimo-martes.html